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Eres bajo del lodo
una espada continua.
Nuestro honor y destino
que custodian los mares.
Que lo aprendan los jóvenes
y resurja el milagro
del pan y de los peces.
Vuelves de todas partes desde tu dignidad.
Estás entre nosotros.
Bajo la misma noche.
Repartiendo la luz, todos los días.
Del poema Morazán vive, del gran poeta hondureño Roberto
Sosa, he querido recordar estos versos, para decir que este 25 de junio
hemos visto a Morazán volver, hecho Pueblo: miles y miles de mujeres
y hombres como una marejada de dignidad y orgullo patrio, para llevar
la luz allí donde las tinieblas quisieron apagar el ALBA en que
se ha venido convirtiendo Honduras.
Acudamos a la memoria para comprender de dónde venimos y a dónde
vamos, cuál es la fuente del heroísmo del pueblo hondureño
y por qué decidió comenzar a sacudirse de todos los lastres
con los que pretendieron amarrarlo por siempre a la ignominia.
El puente que constituye la patria hondureña para Nuestra América
ha sido un objetivo permanente para todas las administraciones yanquis
desde los tiempos del criminal William Walker, funesto aventurero gringo,
quien junto a la complicidad de la oligarquía nicaragüense,
llegó incluso a la presidencia de Nicaragua hasta 1857, cuando
es derrocado. Walker es el adalid activo, la expresión más
clara de la doctrina Monroe, y es importante recordar cuál fue
su lecho de muerte: fue fusilado en las costas de Trujillo, Honduras,
en 1860. Este símbolo histórico continúa resonando
hoy más que nunca.
Honduras, patria de Lempira y Morazán, ha padecido los rigores
del imperialismo yanqui desde su primera hora. Patria agraria que pretendieron
reducir a vulgar república bananera, de envidiable riqueza mineral,
pero por sobre todas las cosas, habitada por un pueblo combativo y digno,
tiranía de por medio, han pretendido erigirla como cabeza de playa
de la garra imperial contra Nuestra América. La satrapía
oligárquica siempre logró suprimir la participación
del pueblo y someterlo a las más férreas dictaduras de Centroamérica,
desde la crisis económica de 1929, en el siglo pasado. Nombres
como Tiburcio Carías Andino y Oswaldo López Arellano, contra
todo esfuerzo de dignidad pueblan de sangre la impronta hondureña.
A esto debemos agregarle otra dictadura, de signo distinto, pero igual
de violenta y persecutoria: Honduras ha padecido los más descarados
experimentos del neoliberalismo, el último tirano que busca mediante
estertores y coroneles sin pueblo sobrevivir a su muerte natural. ¿Cómo
dudar que el expediente abril 2002 está puesto en marcha en el
proceso social ascendente que la Honduras hermana ha llevado a cabo? ¿Cómo
no esperar la funesta reacción cuando el gran desagravio a Cuba
se alcanzó precisamente en San Pedro Sula y bajo la dirección
de nuestro hermano Mel Zelaya y de la combatiente Patricia Rodas?
Honduras y su pueblo se la están jugando, empujan hacia la mañana,
están pariendo amaneceres. Quieren desconocer la soberana decisión
del presidente Zelaya al proponer una Constituyente. Quieren frenar la
nueva doctrina constitucional que cruza nuestra patria grande; era de
esperar que los hijos e hijas de Morazán se lanzaran a evitarlo
junto a su valiente presidente, y junto a esa gran canciller de la dignidad
hondureña y nuestramericana, Patricia Rodas. Honduras está
expresando un claro rechazo a la presencia de adalides de la muerte de
la talla de John Negroponte, Otto Reich y las redes de Posada Carriles.
Honduras está diciendo que nunca más habrá bases
yanquis dedicadas a la intervención militar en la región,
Honduras está diciéndole nunca más a la base de Palmerola
y de El Aguacate. Honduras le dice que no al parasitismo oligárquico
y sí a la participación directa y definitiva del pueblo
en sus conquistas. “La posteridad nos hará justicia”,
dijo aquel prócer bolivariano y eterno que fue Francisco Morazán.
Con la claridad que hereda su pueblo, el Consejo Cívico de Organizaciones
Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) le responde: “Con
la fuerza ancestral de Iselaca, Lempira y Etempica se levantan nuestras
voces de vida, justicia, dignidad, libertad y paz”. La posteridad
de Honduras es ahora o no será, y cuenta con el entrañable
espíritu de apoyo de los hijos y las hijas de Bolívar, sus
hermanos.
¿Y qué hubiera pasado si la presencia siempre oportuna y
valiente de Telesur no hubiera estado en Tegucigalpa este 25 de junio?
Hay un silencio que oculta y otro que revela—nos recuerda el poeta
Gustavo Pereira—. El silencio que oculta se personifica en los ignorantes,
los astutos, los presuntuosos y los falsos sabios. El que revela, en los
humildes de corazón, casi siempre sabios verdaderos.
Nuestra Telesur, sin el aparataje ostentoso que las grandes transnacionales
de la información poseen, reveló al mundo entero la heroica
hazaña que miles y miles de hombres y mujeres humildes de corazón
protagonizaban, para salvaguardar su libertad y el sistema de gobierno
que ellos mismos se han dado.
Antes de que tales acontecimientos estallaran, la oligarquía mediática
encadenada despotricaba en contra de ese mismo pueblo y de su presidente.
Pero cuando decidieron, pueblo y presidente, hombre del pueblo también,
echarse el miedo a la espalda para salvar la patria, la fórmula
infame aplicada en Venezuela el 11, 12 y 13 de abril de 2002, fue aplicada
de nuevo: el silencio que oculta fue impuesto de forma criminal.
"Los Gobiernos del ALBA, al conocer las denuncias de desestabilización
en Honduras, declaramos que nos movilizaremos junto al pueblo hondureño",
declaró a Telesur, con la dignidad en alto que siempre lo ha caracterizado,
nuestro embajador ante la OEA, Roy Chaderton. Sin duda. Así como
el Alba ha salido victoriosa en la defensa de Cuba, de Bolivia, de Venezuela
y otros países más, a los cuales el imperialismo intenta
intervenir junto a las oligarquías nacionales, el Alba saldrá
en defensa de Honduras y su decisión de avanzar hacia las transformaciones
necesarias. Y es que nunca podemos olvidar que la causa de Francisco Morazán
es la misma de Simón Bolívar. Que ambos están unidos
por la misma idea de una Nación de Repúblicas: de un gran
cuerpo político. Que ambos vieron claro que sin consolidar la unidad,
cada una de nuestras Repúblicas sería sojuzgada, dominada.
Por eso el ingreso de Honduras al ALBA fué otro gran paso hacia
la unidad, como lo fué este 24 de junio la incorporación
de Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda. Tenemos
que reconocer la voluntad política del Gobierno del Presidente
Zelaya: un Gobierno que ha demostrado estar a la altura del cambio de
época que hoy vive Nuestra América. Y es esto lo que más
le duele a los imperialistas y a sus cipayos burgueses.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila)
Amanece, sí, pero hoy domingo 28 de junio es el día de la
gran consulta al soberano hondureño. Como cantaba Pablo Neruda
en su poema Morazán, de su Canto General, es la hora de la vigilia
de todos los pueblos de nuestra América y del mundo, la hora de
la vigilia junto a Morazán, para que las hondureñas y los
hondureños se den la gloriosa libertad que siempre se han merecido:
que sean ellos y solo ellos quienes decidan su destino.
Llega el ALBA, Sí… ¡¡Y Morazán vigila!!
¡Venceremos!
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