Las
Líneas de Chávez
La Artillería
del Pensamiento
Sale esta nueva entrega de Las líneas de Chávez cuando estamos
conmemorando un nuevo aniversario del asesinato de ese mártir de
la dignidad llamado Fabricio Ojeda: 21 de junio de 1966
No fue un suicidio: esa fue la versión que el aparato represivo
del puntofijismo quiso hacerle creer al país. Una versión
grotesca y absurda desde donde se la vea: Fabricio se habría ahorcado
con el cordón de una persiana. La verdad verdadera es que fue asesinado
en los calabozos del SIFA en el Palacio Blanco: su cuerpo presentaba toda
clase de signos de haber sido torturado brutalmente.
Pero el tiempo se ha encargado de poner las cosas en su lugar: Fabricio
vive, ha vuelto y está hecho millones, mientras que aquellos asesinos
miserables son polvo pisoteado por la historia. Así ha sucedido
con todos nuestros mártires.
Recordamos hoy al hombre que encabezó y fue el alma de la Junta
Patriótica y que la convirtió en la vanguardia de la resistencia
contra la dictadura de Pérez Jiménez. Al hombre que fue
congresista por URD, elegido en los comicios de 1958, pero que muy pronto
se convenció de que por el camino del reformismo, Venezuela no
tenía nada que buscar, si quería ser libre. En 1962 renunció
a su cargo y se fue a las guerrillas. Fabricio sería uno de los
fundadores de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.
De reformista pasó a ser un revolucionario radical y convencido:
este es uno de los procesos de radicalización ideológica
más genuinos que se hayan dado en Venezuela. Veamos cómo
entendía este proceso Fabricio haciendo uso de su inmensa lucidez
en ese extraordinario libro llamado La guerra del pueblo (1966):
“Abandonar el campo reformista y tomar el revolucionario significa
decidirse a luchar sin temor alguno, tener seguridad de la victoria y
desafiar, cual David, al gigantesco poderío reaccionario, como
lo han hecho todos los verdaderos revolucionarios de la historia, incluso
los revolucionarios burgueses”.
La actualidad del pensamiento de Fabricio es indiscutible. Junto a un
Alfredo Maneiro y un Kléber Ramírez, Fabricio destaca a
la hora de fusionar pensamiento y acción: a la hora de construir
una filosofía de la praxis para nuestra realidad específica.
Rescatemos estas valiosísimas palabras de La guerra del pueblo:
“La base antifeudal y antiimperialista de nuestro proceso revolucionario
plantea un género de alianzas que está por encima del origen,
credo político, concepción filosófica, creencias
religiosas, situación económica y profesional, y afiliación
partidista de los venezolanos. El enemigo común, su fuerza y poderío,
reclama una lucha unitaria para vencerlo”.
Este género de alianzas, como decía Fabricio, es necesario
para que el proceso de liberación nacional, la conquista de nuestra
definitiva independencia, que hoy se define como vía venezolana
hacia el socialismo, sea viable. Alianzas que no deben partir de supuestos
falsos: el camino es el socialismo.
La riqueza histórica de la semana que comienza mañana, las
fechas que estamos anudando, no puede perderse de vista: no es casualidad
que ahora, a las puertas de la era bicentenaria, a 188 años de
su consumación, el Campo de Carabobo retumba todavía. Y
el 24 de junio de 1821 no es sólo pasado sino presente y porvenir.
La determinante victoria militar que le dio feliz culminación a
tan brillante campaña –concebida hasta el más mínimo
detalle por nuestro Libertador -sumó a todo el pueblo -desde todos
los caminos, todas las veredas y cada caserío-a la causa de la
liberación nacional.
Y es a 188 años de la gran gesta que la hermana Patria ecuatoriana
se incorpora al ALBA: ¡a 188 años de Carabobo seguimos peleando,
ahora por nuestra segunda y definitiva independencia y el ALBA es nuestro
proyecto, nuestra cartilla de dirección!
El ALBA se fortalece al sumar al Ecuador bolivariano a la batalla por
la unidad fraterna de nuestros pueblos. Una causa que siente como propia
el presidente Rafael Correa.
La palabra de Raúl Castro nos da una pista, cuando en la Cumbre
del Alba en Cumaná el pasado abril afirmó lo siguiente:
“Nuestras naciones no tienen la capacidad, por sí solas,
de transformar el orden económico internacional, pero sí
el poder de sentar nuevas bases y construir sus propias relaciones económicas”.
Para seguir con el hondo significado histórico de la semana que
entra, recordemos que tres años antes de la Batalla de Carabobo,
un 27 de junio de 1818, en la Angostura recién liberada y en respuesta
a la macarrónica Gazeta de Caracas, órgano vocero de las
fuerzas realistas, y al calor de la Patria que ya tenía rostro
-y con la impronta política de Bolívar- nace el Correo del
Orinoco.
¡Fue el inicio de la batalla comunicacional! “Somos libres,
escribimos en un país libre, y no nos proponemos engañar
al público”, decía en la primera página en
su primer número del Correo del Orinoco. Así de clara era
la principal propuesta que se planteaba en sus líneas, así
de claro debe ser el sentido de nuestra batalla comunicacional. El ejemplo
del Correo del Orinoco está más vivo que nunca: en especial,
yo lo siento vivo en nuestros medios comunitarios.
Ahora más que nunca la artillería del pensamiento pasa a
primera línea y es competencia de todas y todos. Esclarecer lo
que ocurre, darle el justo lugar que le corresponde a la información,
a la realidad cotidiana.
Más aún cuando el asedio total y permanente de la plataforma
mediática transnacional continúa con su sostenido proceso
de distorsión y deformación.
Por eso, esta semana estaremos celebrando activamente los 191 años
de la salida del primer número del Correo del Orinoco: se inicia
la semana de la artillería del pensamiento. Una semana de discusión,
crítica y propuesta para seguir avanzando hacia el modelo de comunicación
e informativo que queremos.
¿Cómo pretenden proclamarse “independientes”
los medios privados cuando la agenda belicista escala a los niveles de
irresponsabilidad y engaño de ahora? Nos acusan, sin fundamento
alguno, de invadir la patria potestad, de secuestrar a los niños
y de disolver a la familia venezolana.
¿Y qué podemos decir de la basura audiovisual y escrita
que invade y secuestra la subjetividad de esos niños que pretenden
defender? ¿Qué decir del verdadero discurso de fondo, como
lo es la preservación de la educación para la dominación,
de formar a nuestras niñas y niños para ser propietarios
y explotadores? ¿Qué dicen del estrago cultural que provocan
todos los días?
Queremos un proyecto educativo para hacer Patria, no para entregarla ni
venderla al mejor postor.
Fomentar el pánico como vía de dominación, administrar
la ignorancia: he ahí lo que no ha dejado de hacer la oligarquía.
Bien lo dijo en reciente artículo Roberto Hernández Montoya
con el tono que lo caracteriza:
“Esta ridiculez la profirieron ya cuando la Revolución Rusa,
la República Española y la Revolución Cubana. Ella
condujo en Cuba a una solución no solo falsa sino monstruosa: una
operación masiva, dirigida por la CIA, para sacar de la isla y
de sus familias a más de catorce mil niños, que hoy son
adultos sumidos en un limbo de identidad, porque no son ni cubanos ni
gringos ni tienen familia ni nada y con un trauma emocional irreversible.
Para no perder a sus hijos perdieron a sus hijos... El pánico embrutece”.
La vía venezolana hacia el socialismo es una propuesta histórica,
política, social y económica en construcción teórica
y práctica. Construcción colectiva para que el país
la haga suya. El socialismo es una opción real y viable. Lo que
es inviable es el dualismo esquizofrénico entre lo político
y lo social que está en la base del capitalismo. En este sentido,
la vía venezolana hacia el socialismo supone una transformación
a fondo de la estructura económica para viabilizar una mejor redistribución
de la riqueza social que pertenece a todos y a todas. Ello supone distintas
formas de propiedad.
Los latifundios mediáticos han pretendido sacralizar a la propiedad
privada e, incluso, han hecho de ella la prueba irrefutable de si existe
o no existe libertad. Es propio del capitalismo, desde sus orígenes,
privilegiar al tener sobre el ser; subordinar el ser al tener.
Recordemos a nuestro Robinson, que mucho antes que Marx ya visualizaba
cómo el capitalismo iba a pervertir el derecho de propiedad:
“…para convertir la USURPACIÓN en posesión (natural
ó civil)—la posesión en propiedad—y, de cualquier
modo, GOZAR con perjuicio de tercero (sea quien fuere el tercero), a título
de LEGITIMIDAD (y la legitimidad es un abuso tolerado)”.
Contra la perversión capitalista no hay otro remedio: ¡El
socialismo!
¡Venceremos!
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