Las
Líneas de Chávez
La Batalla
de San Pedro Sula
Ya el ALBA no puede ni podrá ser ignorada en lo
adelante. La batalla en la OEA para reivindicar a Cuba por la injusticia
cometida en 1962 es una nueva batalla que recuerda a Zamora. Hace 150
años exactos, por estos días, estaba en pleno apogeo la
Guerra Federal de Ezequiel Zamora
Llegó el mes de junio. Hace 150 años exactos, por
estos días, estaba en pleno apogeo la Guerra Federal y Ezequiel
Zamora había logrado establecer su puesto de comando revolucionario
en Barinas, dirigiendo desde allí no sólo las acciones militares
contra las tropas oligarcas, sino también las medidas de gobierno.
Era el año de 1859 y ya las ideas socialistas corrían como
pólvora por Europa y llegaban con fuerza a estas tierras suramericanas
y caribeñas. Recordemos que habían pasado ya más
de 10 años desde que Carlos Marx y Federico Engels publicaran el
Manifiesto Comunista. Las consignas zamoranas constituyen sin duda componentes
básicos en la tremenda tarea que hoy tenemos por delante los revolucionarios
venezolanos, cual es la de seguir dándole sustento ideológico
radical, es decir, con nuestras propias raíces, al proyecto socialista
en marcha: "Tierras y hombres libres, elección popular y horror
a la oligarquía".
Dice J. E. Ruiz Guevara en su obra "Zamora en Barinas" que el
8 de junio de aquel año (1859) "El General Zamora sigue en
Barinas; dicta decreto sobre el pabellón nacional:
Ezequiel Zamora
General de División y Jefe de Operaciones de los estados de Coro
y Occidente
Decreto:
1º - El pabellón de los Estados Federales es el mismo de la
República con la diferencia que en la faja amarilla llevará
20 estrellas azules que simbolizan las 20 provincias que forman la Federación
Venezolana.
2º - El escudo de armas de los Estados Federales será el mismo
de la República con la diferencia que en el campo de oro las cornucopias
serán vueltas hacia arriba y en la parte superior de la orla llevará
la inscripción "Federación Venezolana".
3º - El presente decreto regirá hasta que la constituyente
determine lo conveniente.
Dado en Barinas a los 8 de junio de 1859. Año 1º de la Federación.
Ezequiel Zamora"
¡Ezequiel Zamora tenía en sus planes políticos convocar
"la constituyente"! Sólo que siete meses y cinco días
después, caería asesinado en San Carlos de Cojedes y con
él se iría a la tumba la revolución campesina y popular.
El tiempo siguió su curso y ahora tenemos siglo y medio transcurrido
sobre el campo de batalla venezolano, latinoamericano, caribeño
y mundial. Quién lo duda, el mundo ha acelerado su marcha comenzando
este siglo. El capitalismo y su modo de control metabólico social,
el capital, han caído en una crisis total, una vez que sus múltiples
contradicciones se han disparado con impactos demoledores sobre sus bases
paradigmáticas.
Pasemos "revista al horizonte", como solíamos decir por
aquellos días cuando desplegábamos nuestro batallón
de tanques "Bravos de Apure", en las inmensidades arenosas de
la Guajira venezolana. ¡Ah, qué días aquellos los
de la forja patria!: San Pedro Sula y la batalla por la dignidad de nuestros
pueblos, por la reivindicación de la querida patria cubana, de
su revolución, de su pueblo, de Fidel, su gigantesco líder.
"Nunca se había visto tanta rebeldía", escribió
Fidel, más bien disparó, casi desde la Sierra Maestra.
En verdad les digo que, además, nunca se había visto tal
nivel de coordinación entre tantos gobiernos de nuestra América.
Como núcleo central del esfuerzo estratégico y diplomático,
los seis países del ALBA, que además de Alternativa, ya
ha pasado a ser Alianza Bolivariana; y con nosotros, la acción
coordinada de muchos otros países amigos del ALBA y amigos de Cuba.
Ya el ALBA no puede ni podrá ser ignorada en lo adelante, como
se había pretendido hasta ahora. Desde la cumbre de Cumaná
y su valiente declaración, rechazando fuertemente por una parte
la arbitraria y antihistórica exclusión de Cuba y por la
otra, exigiendo una urgente discusión acerca de la gran crisis
mundial generada desde los Estados Unidos y que tanto está impactando
a los pueblos de nuestra América; hasta la reunión de cancilleres
en Caracas, pocos días antes de la Asamblea General de la OEA en
Honduras, demuestran una sólida voluntad política de los
Albagobiernos para actuar de manera coordinada ante los acontecimientos
mundiales. Y en San Pedro Sula la batalla fue tan dura como hermosa. A
pesar de que fui obligado por las circunstancias a quedarme en mi puesto
de mando, lo cual fue aprovechado por los pitiyanquis para generar una
serie de rumores sobre mi salud, no me perdí un solo detalle, una
sola jugada de ataque, de defensa o de contraataque (este último
es mi movimiento preferido) de aquel combate. No era poca cosa lo que
estaba en juego en aquellas tierras centroamericanas, donde han comenzado
a resonar de nuevo y con qué fuerza las voces de Sandino, de Farabundo
y de Morazán, para espanto de las oligarquías peleles, como
solía decir el General de Hombres Libres al frente de su "pequeño
ejército loco".
A punto estuve de salir el lunes primero de junio por la noche hacia San
Pedro. Sin embargo, después de evaluarlo con nuestros aliados,
el destacamento bolivariano de vanguardia, bien comandado por el canciller
Nicolás Maduro, no lo consideró necesario. Así que
los rumores continuarían: "Chávez está perdido.
No aparece". Confieso que esa noche no dormí, recibiendo informaciones
y evaluando los diversos escenarios que pujaban por asomar, en una pugna
que lleva ya casi doscientos años y en la que se consumió
por cierto, íntegro, nuestro padre Bolívar. "Si la
América no se llama al orden y a la razón, un nuevo coloniaje
legaremos a la posteridad", decía con su angustia que nos
dejó como herencia, por allá en 1829, desde su soledad luminosa,
el general caraqueño. Amaneció el martes dos de junio, llegó
un mensajero de La Habana con información muy valiosa y notas de
Fidel. Una de ellas, firmada en La Habana esa noche a las 7 y 30 p.m.,
dice: "Querido Hugo: me alegraría mucho una respuesta como
la que sugieres si se da la situación que prevés. Te transmití
lo que conozco por mis análisis y alguna información de
que dispongo. Sería egoísta de nuestra parte solicitar tanta
solidaridad. La bandera moral se elevará hasta lo más alto
de su mástil. Te seguiré comentando por esta vía
u otra más adecuada de acuerdo a su contenido, cualquier noticia
de interés en estos días. Un fuerte abrazo. Patria, Socialismo
o Muerte. ¡Venceremos! Fidel Castro Ruz".
Luego, un poco más tarde, cuando el sol levantaba ya sobre la media
mañana caraqueña y los dos soberbios gallos que me regaló,
siendo indefensos pollitos, alguien a quien quiero mucho, se habían
cansado ya de cantar, "tejiendo la mañana" como diría
el poeta pernambucano, recibo llamada de Nicolás, utilizando los
códigos que me dejó Pancho Arias con su letra inconfundible
de más de 20 años de claves y desenclaves, de códigos
y de estratagemas. La batalla diplomática, que tiene mucho de sicológica,
había comenzado. "El Sr. sensible lanzó su propuesta.
Apoyo inmediato y resuelto de negro, blanco y rojo. Contrapropuesta activada
con fuerza. Hay clima de sorpresa. Río revuelto de repente. Cumaná
suena con fuerza. Treinta y tres se mantiene en silencio. QAP. Seguiré
informando". Y así fue toda la tarde. Se trancó el
juego, como lo teníamos previsto y nombraron una comisión
especial, ante la intensa ofensiva que hizo imposible a quienes lo pretendieron
excluir el tema de Cuba de la agenda OEA. ¡Durante cuarenta y siete
años consecutivos lo habían venido logrando! En aquella
comisión estaban, por cierto, Estados Unidos y Venezuela, entre
otros países, todos muy importantes en el tablero estratégico.
La comisión se encerró a deliberar. Sobre el tapete, más
allá de algunos matices, dos posiciones. La una, defendida con
furia por Estados Unidos y Canadá: "Condicionar a Cuba".
La otra, defendida con pasión por el ALBA: anular la infame resolución
contra Cuba y sin condiciones. Media noche y el juego trancado.
Sigo en contacto con Nicolás. En algún momento me atiende
su ayudante, pues está en pleno debate. Puedo oír a lo lejos
la intensidad de las discusiones. Al final, en plena madrugada, con la
luna creciente en el medio cielo, los gallos durmiendo y Caracas sumida
en el silencio, evaluamos. Ya Chávez "había salido"
y junto a los trabajadores de "Ciudad Caribia" y los consejos
comunales de Gramovén, de Federico Quiroz y El Limón pulverizamos
los rumores de infarto, influenza, diarrea y no sé cuántas
cosas más nacidas de la mente, esa sí verdaderamente enferma
y sin remedio, de la oligarquía pitiyanqui. Y ya había llegado
a Miraflores un nuevo mensaje de Fidel: "He estado oyendo y teniendo
noticias de ‘allá' (evidentemente Fidel no logró acceder
a las claves de Nicolás y Arias Cárdenas; habrá que
cubrir esa falla en el futuro). He visto muy bien a Maduro. Hay que seguir
fortaleciendo las posiciones. No debemos ceder un milímetro. Es
como la cortina o muro de contención de una presa; si se quiebra
por un punto, todo se derrumba. Los amigos de la Batalla de Pichincha
(Nótese de nuevo la falla en las claves fidelianas, pues evidentemente
se refiere a Correa y a Evo) están como Sucre en Ayacucho".
A esa hora, sin duda, se perfilaba el escenario que habíamos previsto
como más probable: no habría acuerdo, por tanto la cumbre
quedaría sin resolución o documento final. Las consecuencias
serían impredecibles, aunque una de ellas era inminente: la OEA
saldría de allí dividida y con un misil en su línea
de flotación. Le respondo a Fidel, recordando los soldados soviéticos
en Stalingrado: "No hay tierra para nosotros detrás del Volga",
"no hay planes de repliegue".
Amanece y empezamos a notar algunos signos de desespero en filas contrarias.
"Hillary se fue a El Cairo con Obama", dicen los cables, pero
ya nosotros claro que lo sabíamos. Otros cancilleres comenzaron
a retirarse. Era el momento de la ofensiva final del ALBA con nuestros
más sólidos amigos. Las palabras de Fidel resuenan en mis
oídos: "Es como la cortina de una presa; si se quiebra por
un punto, todo se derrumba". Y esta máxima terminó
cumpliéndose, pero en las filas que defendían la posición
contraria. A media mañana, nos dejamos de claves, Fidel llama al
teléfono y conversamos directamente no menos de tres veces; llamo
a Evo y a Correa, hablo con Daniel y con Zelaya; de nuevo con Nicolás...
¡Lo logramos!
Prendo el televisor, busco Telesur y allí está la bella
cancillera hondureña Patricia Rodas con cara de victoria. Lee la
resolución con intensa emoción. Veo los rostros de Zelaya,
de Daniel, de Nicolás, de Jorge Taiana, de Choquehuanca, de Falconí.
Me imagino a Fidel... y recuerdo su profecía: "La historia
me absolverá".
Sí, Fidel, querido compañero, camarada infinito, no sólo
a ti, sino a tu pueblo, a la Revolución Cubana, a sus mártires,
a todos, a todas, la historia, que ahora retorna hecha llamaradas de pueblo
en resurrección, ¡os absuelve, en vida y delante del mundo!
Mientras tanto, sigamos cantando con el ALBA:
¡¡Patria, Socialismo o Muerte!! ¡¡Venceremos!!
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