Las
Líneas de Chávez
Bolívar
y "La Misteriosa Incógnita..."
Tenemos en la historia grandes ejemplos que deben servirnos
de referencia objetiva
Es asombroso el cómo y el cuán hondo hurgó
nuestro padre Bolívar en la búsqueda de la esencia revolucionaria.
O para decirlo con él y como él, en “el despeje de
la misteriosa incógnita del hombre en libertad”. Y en esta
monumental tarea adelantó sus pensamientos a los de grandes intelectuales
y filósofos de estos dos siglos transcurridos. Y resulta también
asombroso cómo sus ideas más avanzadas forman una gran vertiente
cuyas aguas van a parar a ese maravilloso río que se llama el socialismo.
Ocurre así, exactamente, con el tema de la igualdad. Hagamos un
recorrido de casi doscientos años, para constatarlo.
El pensador brasileño Theotonio Dos Santos en su obra Concepto
de clases sociales (Ed. El Perro y la Rana), dice: “Tiene que ser
parte de la ideología burguesa la representación de la sociedad
burguesa como conjunto básico de individuos, que pueden diferenciarse
en agregados (…) esta forma de representación expresa exactamente
el interés esencial de la burguesía de ocultar el carácter
de clase de su sociedad y postular su sociedad como ofreciendo oportunidades
iguales a todos los individuos”.
Igualdad de oportunidades, cierto, pero sustentada en una cada vez más
creciente desigualdad de poder económico, jurídico y privilegios
materiales que reproducen sobremanera la desigualdad de condiciones.
Ciento veinte años antes, Carlos Marx lo decía en la Crítica
del programa de Gotha, escrita en 1875: “Paradójicamente,
lo que aparece como fin del socialismo es, precisamente, el desarrollo
integral de la desigualdad entre los hombres, de la desigualdad de sus
aspiraciones y capacidades, de la desigualdad de sus personalidades. Pero
esta desigualdad personal no significará ya diferencia de poder
económico; no implicará ya desigualdad de derechos o privilegios
materiales. Sólo podrá extenderse en un clima de igualdad
económica y material”.
Y nuestro Bolívar, cincuenta y seis años antes que Marx,
lo señalaba con meridiana claridad desde Angostura, en 1819: “Mi
opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro
sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida
y practicada en Venezuela (…). La naturaleza hace a los hombres
desiguales en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen
esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la
educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes,
le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social.
Es una inspiración eminentemente benéfica, la reunión
de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba
en razón de la propagación de la especie. Por este solo
paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos
celos, rivalidades y odios se han evitado!”.
¡Estas son las razones por las cuales, mientras más estudiamos
la historia de las ideas, mientras más profundizamos y comprendemos
a los grandes pensadores de y por la humanidad, desde Cristo hasta Fidel,
cada día, con mayor fuerza y arraigo, nuestra Revolución
es más Bolivariana que nunca!
Cristo he dicho. Y Cristo digo, sin duda.
Era Jesús un verdadero pensador socialista. Y algo más
importante, fue un consecuente luchador socialista hasta su último
canto: “Todo está consumado”.
De una vieja enciclopedia que me acompaña desde mis días
de teniente del Batallón Blindado Bravos de Apure, en aquellos
días en que un pequeño grupo de jóvenes oficiales
patriotas del Ejército comenzábamos a crear las primeras
células del Movimiento Bolivariano, extraigo lo siguiente:
“En tiempo de gran tirantez interna y externa, a la vista de la
creciente miseria de los pobres y la máxima concentración
de la riqueza en pocas manos, aparecieron los grandes profetas y exhortaron
a la reversión de aquellas condiciones.
En el año 765 antes de Cristo, apareció el más
antiguo y acaso el más grande de aquellos profetas, Amós,
y lanzó en nombre de Jehová su maldición contra
los ricos:
‘Quiero enviar a Judá un fuego que aniquilará los
palacios de Jerusalén… por ello, porque vendieron al justo
por dinero y al pobre por un par de zapatos. Meten la cabeza de los
pobres en el barro e impiden el paso de los míseros’ (Amós,
2, 5/7)”.
Y más adelante se puede leer:
“Idénticos tonos hallamos en Oseas y, sobre todo, en Isaías:
¡Ay de aquellos que añaden una casa a otra y un campo a
otro, hasta que deja de haber espacio y ellos poseen sólo la
región! (Is., 5, 7)”.
Y luego llegó Jesús a condenar a los ricos. He aquí
el Sermón de la Montaña:
“Sed bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el
reino de Dios. Sed bienaventurados vosotros, los hambrientos, porque
seréis hartos. Sed bienaventurados vosotros, los que lloráis,
porque reiréis… Pero, por contra, ¡ay de vosotros,
los ricos!, porque tenéis lejos vuestro consuelo. ¡Ay de
vosotros, los que estáis hartos!, porque pasaréis hambre.
¡Ay de vosotros, los que aquí reís!, porque lloraréis
y aullaréis”. (Luc., 6, 20-25).
A ti, compatriota, hombre, mujer, joven, que me lees en estas líneas
de domingo, el último día de este mes de mayo; te digo:
¡El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga!
El capitalismo pregona a los cuatro vientos la no existencia de clases
ni desigualdad alguna, porque existe una supuesta igualdad de oportunidades
que garantiza todos los goces, privilegios y derechos a todas las personas
sobre la tierra, cuando sabemos que toda su perversidad se fundamenta
precisamente en quebrar todo equilibrio posible entre legalidad y justicia,
y aún más, en tiempos de crisis, al caerse las caretas,
dejando al descubierto a muchos capitalistas como verdaderos capos:
una costosa campaña propagandista ha sido lanzada por todos los
medios de comunicación para hacer creer que nuestra Revolución
Bolivariana te quitará tu automóvil, tu apartamento, bodega,
arepera y cuanto tengas en justicia como propiedad, gracias a tu esfuerzo
y trabajo.
Pero lo cierto es que, quienes esto pregonan, son los mismos que han
llegado a acaparar, literalmente, lotes de automóviles y a especular
descaradamente con la venta y alquileres de inmuebles. Si durante estos
últimos diez años estos oligarcas que hacen vida en nuestro
país han osado atentar contra el sagrado derecho de nuestro pueblo
a la alimentación, a la educación y a la salud; no es
de sorprender que por igual atentaran contra el derecho de los venezolanos
a tener una propiedad, mueble o inmueble. Mientras nosotros estamos
empeñados en arrancar la cruel discordia, como decía Bolívar,
los medios al servicio del imperio y del sector oligárquico más
corrupto del país la promueven para, precisamente, ocultar sus
fechorías.
Es por esta razón que llamo al alerta y vigilancia revolucionaria,
aún a aquellos compatriotas que no siendo simpatizantes de nuestra
Revolución, padecen como consecuencia de la perversidad desbordada
de quienes se jactan de ser sus defensores y representantes. Queda de
nuestra parte seguir trabajando en el establecimiento y práctica
de la igualdad, alcanzándola bajo el principio aquel: “De
cada quien según sus capacidades, a cada quien según sus
necesidades”, principio cristiano que hunde sus raíces
en el más remoto, pero vivo cristianismo primitivo.
El tiempo, el transcurrir de la historia, ha demostrado que existe un
proceso de maduración de los pueblos. Que la madurez política,
organizativa e ideológica de ahora, no es la misma de hace diez
años; hoy existe, como nunca antes jamás un sentido común
popular y venezolano, una solidaridad eterna y una forma de organizarse
y de comprender su calle, su parroquia, su barrio, su caserío,
su historia.
Los acontecimientos “en pleno desarrollo”, como diría
Walter Martínez, demuestran que los gobiernos deben acoplarse
siempre a la madurez y altura del pueblo por el que trabajan. El aprendizaje
es permanente, y hemos tenidos duros pero valiosos aprendizajes. Venezuela
ha construido una historia de dignidad y de lucha, a pesar de tantas
adversidades, y los hechos han demostrado el grado de madurez de este
pueblo, madurez para gobernar y decidir por el pueblo mismo. ¡Estamos
confirmando los poderes creadores que el gran Aquiles Nazoa reconoció
en nosotros!
Ha llegado el momento de darle sustancia, fuerza y movimiento a la democracia
comunal, la democracia comunera de Kléber Ramírez. La
nueva etapa que ahora comienza en Venezuela, desarrollando una estrategia
centrada en “producir alimentos, ciencia y dignidad” y fortalecer
el dinamismo de la democracia participativa, socialista. Ha llegado
la hora en que la comunidad comience su tránsito hacia un ejercicio
pleno de poder y responsabilidad política. Tenemos camino andado,
falta por caminar, pero ahí vamos, creando, como diría
Mészáros en El desafío y la carga del tiempo histórico:
“La creación de una sociedad verdaderamente equitativa
exige el derrocamiento radical de las jerarquías estructurales
explotadoras establecidas durante miles de años”.Pero el
modelo de comuna debe ser nuestro, debe surgir del saber popular, de
la esclarecida comprensión de su territorio, de su vínculo
con su historia y su nación. De lo que hace que nos llamemos
pueblo venezolano.
Dinamizar la estructura de los consejos comunales, todas las mesas técnicas,
incrementando su potencia participativa; hacer de la comunidad razón
de Estado, ese es el camino. Siempre junto a Simón Rodríguez,
a Bolívar.
“Si de nuestra historia no sacamos ninguna lección dinámica,
no hay por qué suponer que la encontraremos en otra parte”
dice ese gran maestro y bolivariano Augusto Mijares: se trata de concientizar
“lo afirmativo venezolano”.
Tenemos en la historia grandes ejemplos que deben servirnos de referencia
objetiva. La Comuna de París, la experiencia de las comunas agrarias
en China, los comuneros indígenas venezolanos, colombianos y
paraguayos, modelos que ofrecen claves para que nosotros hagamos ahora
lo nuestro, siendo originales, como sostenía el Maestro socialista
de América, Simón Rodríguez, quien por igual proponía
una original Toparquía para nuestra América. Pero algo
es cierto, y lo dijo Lenin en un breve artículo llamado En memoria
de la Comuna: “La causa de la Comuna es la causa de la revolución
social, es la causa de la completa emancipación política
y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado
mundial. Y en este sentido es inmortal”.
Comuneras y Comuneros bolivarianos y socialistas: continuemos despejando
“La Misteriosa Incógnita…”.
Con Cristo, con Bolívar, con Fidel:
¡Venceremos!