|
Con estos versos de un cantor del pueblo nuestro, Alí Primera,
quiero honrar de nuevo la memoria de otro cantor del pueblo, nuestro poeta
y camarada Mario Benedetti, voz y conciencia nuestroamericana. Eso fue,
es y será por siempre nuestro amado maestro: canto oriental, canto
amigo, canto mil veces cantado, canto de nunca acabar, clarín de
todos los gallos anunciando infinitos amaneceres para esta Patria Grande
de todos.
Benedetti fue un hombre comprometido plenamente con el socialismo,
la voz que siempre se encargará de recordarle al mundo que el Sur
también existe.
Nuestro Sur, ahora más que nunca, existe y existirá: tal
vez sea nuestro homenaje más sincero al poeta el hecho mismo de
que la mala nueva de su partida nos sorprendiera precisamente más
allá de las pampas, en el corazón de la Patagonia argentina:
allá estábamos, avanzando en el fortalecimiento del eje
Caracas-Buenos Aires, carril central de la geopolítica integradora
para hacer realidad el proyecto de la gran potencia suramericana.
Como una espiral que todo lo devora, la “crisis perfecta”
del capitalismo global sigue avanzando a pasos agigantados, y no sabemos
a dónde llegará ni cuándo parará. Sabemos,
eso sí, que los remedios y tratamientos anunciados por los países
más poderosos del Norte, con su arquitectura financiera y sus políticas
hegemónicas, no lograron superar las grandes contradicciones desatadas
en el seno del imperio capitalista mundial y que hoy constituyen un verdadero
azote mundial.
¿Cuál será entonces, debemos preguntarnos, el verdadero
y eficaz remedio para tamaña enfermedad mundial?
No tengo la menor duda y por tanto lo afirmo categóricamente: es
Bolívar el principal portaestandarte de las fórmulas salvadoras,
es Bolívar el baquiano mayor que se ha colocado de nuevo en vanguardia,
doscientos años después.
Desde el Monte Sacro, a las afueras de Roma, comenzó a decirlo,
aquel 15 de agosto de 1805 (¡Tenía apenas 22 años
recién cumplidos!): “Este pueblo ha dado para todo (refiriéndose
a Roma y a su imperio), menos para la causa de la humanidad… pero
para la emancipación del espíritu, para la extirpación
de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad
definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada”.
Y luego continúa perfilando su utopía, que convertirá
en juramento y en razón de vida: “La civilización
que ha soplado del Oriente ha mostrado aquí todas sus fases, ha
hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema
del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que
el despeje de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino
en el nuevo mundo”.
Su pensamiento es profundo, intenso, filosófico, hasta matemático.
Y va perfilando desde entonces y hasta hoy, las soluciones a la “misteriosa
incógnita”.
Trece años después, desde las riberas del Orinoco y en plena
guerra de liberación, Bolívar le escribe al Supremo Director
de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Sr. Juan Martín
Pueyrredón, ahora sobre el propio y gigantesco teatro de operaciones,
de cuyas profundidades emergía un gran parto histórico:
“Cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de
su independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan
comunicaciones más frecuentes y relaciones más estrechas,
nosotros nos apresuraremos, con el más vivo interés, a entablar,
por nuestra parte, el pacto americano; que, formando de todas nuestras
repúblicas un cuerpo político, presente la América
al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones
antiguas”.
Y concluye señalando magistralmente el objetivo supremo: “La
América así unida, si el cielo nos concede este deseado
voto, podrá llamarse la reina de las naciones y la madre de las
repúblicas”.
¡Vaya qué fórmula, vaya qué baquiano, vaya
qué desafío el nuestro!
Y en 1824, el 7 de diciembre, sobre el mapa vivo del nuevo mundo, del
mundo nuevo, desde las alturas de Lima, Bolívar continúa
inventando la fórmula salvadora, cuando convoca a todos los pueblos
de las repúblicas nacientes, antes colonias españolas, al
Congreso de Panamá.
“Después de quince años de sacrificios consagrados
a la libertad de América, por obtener el sistema de garantías
que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo
ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las
repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan
una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de
estos gobiernos”.
“Diferir más tiempo la asamblea general de los plenipotenciarios
de las repúblicas que de hecho están ya confederadas, hasta
que se verifique la accesión de los demás, sería
privarnos de las ventajas que produciría aquella asamblea desde
su instalación. Estas ventajas se aumentan prodigiosamente si se
contempla el cuadro que nos ofrece el mundo político, y muy particularmente,
el continente europeo”.
Y concluye con una especie de profecía conminatoria que hasta hoy
nos abarca, nos convoca, nos impulsa: “Si V. E. no se digna adherir
a él, preveo retardos y perjuicios inmensos, a tiempo que el movimiento
del mundo lo acelera todo, pudiendo también acelerarlo en nuestro
daño”.
No hay duda: este es el camino. Hoy apenas si tenemos tiempo, aceleremos
el paso, como obligación suprema.
Hacia adentro del país, aumentemos las revoluciones de todas las
máquinas en la construcción del socialismo. Y al mismo tiempo,
hacia afuera de Venezuela, aceleremos todas las dinámicas integradoras.
Citábamos a Perón hace unos días en Buenos Aires:
“El siglo XXI nos conseguirá, o unidos o dominados”.
En ese portentoso libro que es “Más allá del Capital”,
Mészáros, señala:
“Las crisis son entonces una conminación general que apunta
más allá de la presuposición…”. Se refiere
a presuposición del mercado mundial como totalidad terminante,
como “destino manifiesto”, como inevitable fin de la historia
y solución de los males del mundo, para concluir la frase con su
visión futurista, transicional, socialista: “Y (las crisis
son) el apremio que conduce hacia la adopción de una forma histórica
nueva”.
Sin duda alguna, la actual crisis mundial del capitalismo es parte del
tránsito hacia esa forma histórica nueva: ¡El socialismo
del siglo XXI!
Y precisamente por ese camino vamos, al estar hoy domingo, cuando estas
líneas salen al aire, en Quito, esta heroica ciudad capital del
Ecuador.
Aquí, donde un pueblo también bolivariano, conducido por
el presidente Rafael Correa, también socialista, está en
plena revolución ciudadana, bolivariana, sucrista y alfarista.
Hoy es 24 de mayo. Hace 187 años, en las filas del volcán
Pichincha, aquella suma de pueblos que era el Ejército Libertador
selló la independencia definitiva de todo el territorio que, por
ese entonces, se llamaba Quito: aquel 24 de mayo de 1822, Antonio José
de Sucre, Mariscal de América, se revelaría como un brillante
estratega y un magnífico conductor de tropas. Pichincha fue el
luminoso preludio de lo que, dos años después, sería
Ayacucho: el dominio español en la América del Sur recibió
un durísimo golpe que lo dejaría tambaleante, quedándole
solamente el Perú como último reducto. Pero, más
importante aún, Pichincha proyecta plenamente su vigencia en el
presente suramericano: Pichincha es aquí y ahora fuente viva de
inspiración para el cambio de época que nuestros pueblos
están haciendo realidad. Pichincha es el compromiso irrenunciable
de marchar unidos hacia el porvenir: en el horizonte ya está brillando
el sol de nuestra independencia definitiva y comienza a iluminarnos con
sus rayos. Y con nosotros y nosotras, van al frente Bolívar, Sucre
y Manuela, para abrirnos el camino hacia la victoria final.
Esta semana que recién finaliza fue de grandes satisfacciones,
allí donde nuestra industria de los hidrocarburos y metalúrgica
se fortalece y alcanza todo el valor estratégico que nunca tuvo
para nosotros como nación. En El Tejero, Monagas, tomamos control
de las operaciones de compresión e inyección de gas en el
oriente del país, y en Puerto Ordaz dimos otro gran paso al frente
con la nacionalización de las metalúrgicas y una planta
de cerámicas. Como lo establece nuestra Constitución, nuestro
Estado se reserva el control de todas las actividades productivas que
sean de valor estratégico para nuestra nación. Pero nunca,
jamás, en contra de los verdaderos protagonistas de nuestras industrias
de los hidrocarburos y básicas: sus trabajadores. En uno y otro
sector han salido fortalecidos como consecuencia de un real y verdadero
acto de justicia para hombres y mujeres que en su mayoría vivían
bajo la humillante condición de “tercerizados”, neoesclavismo
que nos dejaron décadas de neoliberalismo. Como consecuencia de
estos actos de soberanía, se despeja el horizonte para la constitución
del gobierno obrero que poco a poco tomará el control de todas
esas empresas. Lo dije en Puerto Ordaz, y de ello estoy convencido: así
como Guayana es el Macizo Guayanés, será también
el macizo donde asentar la plataforma para la construcción del
socialismo con la clase obrera como vanguardia.
Aló Presidente cumplió sus primeros diez años. Gracias
a todos y a todas quienes lo han hecho posible. Tú, compatriota,
ustedes camaradas, le dan la vida.
Pues que viva nuestro Aló dominguero, alegre y bonito. Para seguir
“despejando la misteriosa incógnita”. Allá aquellos
con su odio. Aquí nosotros con esta alegría.
¡Venceremos!
|
|
|