El autor desarrolla
planteamientos relacionados con la especificidad de la gerencia social,
en su diferenciación posible con respecto a la gerencia pública,
y en su interrelación con otros ámbitos. Como punto de partida
el autor plantea que la gerencia social tiene un compromiso ético
y político con la suerte de los más pobres. Sostiene, sin
embargo, que su ámbito aún no ha sido delimitado epistemológicamente.
Hay un largo recorrido por hacer, el cual pasa por revisar desde diversos
enfoques el contenido de la teoría y práctica inherentes.
Esto comprende, entre diversas tareas, examinar con atención el
perfil y los programas de formación del gerente social, los retos
que enfrenta, y las características del área de gestión;
distinguir entre gestiones que tienen carácter permanente y otras
que se ejecutan a través de programas y proyectos; características
de sus beneficiarios, pautas de organización, estilos de gestión
y condicionamientos contextuales; la dicotomía estructural entre
universalización y focalización, así como entre estructuras
permanentes y programas y proyectos. Si frente a cada variable considerada
nos encontráramos con tipologías verdaderamente heterogéneas,
¿qué justificación habría para pretender que
aún así es legítimo mantener la gerencia social como
un campo de especialización diferenciado de la gerencia pública
o, inclusive, de la gerencia a secas? Parecería que no se justifica
una forzada diferenciación, pero al cabo de estos desarrollos teórico-prácticos
propuestos es probable que su verdadera especificidad respecto a otros
campos de la gerencia quede definitivamente aclarada. Evidentemente se
trata de un tema polémico en desarrollo.
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