
El comportamiento histórico del Índice de Desarrollo
Humano Venezuela en general es positivo. No obstante
a lo largo del período 1955-2004, presenta un desempeño
zigzagueante, con ciclos de crecimiento, seguidos de caídas
que retroceden al indicador a valores superados
largo tiempo atrás.

A comienzos del nuevo milenio el IDH ingresa por segunda vez -la
primera fue en 1980- en el grupo de países
con alto Desarrollo Humano, pero con la diferencia, que
ahora lo hace con valores menores en el componente económico,
lo que garantiza cierta resistencia del IDH a
los volátiles ciclos de la economía nacional y mundial.

El estudio de los componentes del IDH de Venezuela demuestra que
la dimensión social se encuentra escalando
de manera continua hacia altos niveles del desarrollo,
y con pocas regresiones.

Resalta la independencia que presentan los componentes sociales
del componente económico. Esto sugiere
que de algún modo existe una ruptura entre los
ciclos que van del crecimiento económico (CE) al desarrollo
humano (DH) y a la inversa.

El análisis del comportamiento de los países con valores
similares de Desarrollo Humano de Venezuela para
los años 1990 y 2004, muestra que Venezuela se ha quedado
rezagada en la ruta hacia el alto Desarrollo Humano.

El componente económico del IDH de Venezuela, a pesar de
haber jugado un papel importante en años
anteriores, para el 2004 adquiere una significación limitada;
y en comparación con países como Arabia Saudita demuestra,
junto con Albania, la posibilidad de trazar diferentes
vías para alcanzar un alto Desarrollo Humano.

En referencia al punto anterior, el estudio de la relación
entre Gasto Público Social y Desarrollo
Humano, demuestra una correlación importante, en especial
con los componentes sociales del IDH, sugiriendo
que las políticas públicas han jugado un papel
fundamental en la generación de Desarrollo Humano a lo largo
de la historia del país.

El alto índice de correlación entre IDH y gasto público
social, y su significativa caída a partir
del año 1996, puede sugerir el “desgaste” de
un modelo de inversión social.

Igualmente sugiere, junto a otros hallazgos, que la inversión
para la construcción de capacidades para
el Desarrollo Humano no está generando rendimientos económicos,
es decir que el aumento de las capacidades en los componentes sociales
no mejora las condiciones productivas ni de crecimiento económico.

Esto también se puede explicar a través del análisis
del Crecimiento Económico y el Desarrollo
Humano. La información analizada sugiere que existe una ruptura
en las dos cadenas propuestas por Ramírez,
Rains y Stewart, a saber, que el aumento de los
niveles de ingresos familiares no provoca aumento en otros componentes
distintos al económico, del IDH (educación y salud),
y que el ciclo que va del Crecimiento Económico
al Desarrollo Humano, sólo se mantiene por la vía
de la inversión del Estado en estos espacios. Este proceso
discontinuo genera una ruptura en el proceso cíclico,
impidiendo la autosostenibilidad del modelo, ya que
los componentes de la cadena que van del Desarrollo Humano al Crecimiento
Económico son demasiado débiles.

Durante 20 años (entre 1963 y 1982) el país reprodujo
ciclos que privilegiaron el Desarrollo Humano
y los círculos Virtuosos. Con la llegada del año 1983,
hace su aparición el primer círculo
Vicioso de la serie.

Del análisis de los comportamientos del IDH y el CE, es posible
confirmar algunas de las hipótesis de Ramírez,
Rains y Stewart, tales como:
1. Construir círculos de Virtuosos de Desarrollo es más
probable por la vía que transforma el Desarrollo Humano en
Crecimiento Económico, que por la ruta contraria. En efecto,
una vez que se rompe la secuencia de los primeros 20 años
de la serie, con la aparición del primer círculo Vicioso,
comienza la etapa de mayor cambio entre modelos de desempeño,
ocurriendo tan sólo en una oportunidad, una transición
del IDH al círculo Virtuoso.
2. De igual manera, los casos de transición de los cuadrantes
inferiores del gráfico nº 7 hacia el círculo
Virtuoso son menos probables, aunque aumentan su proporción
una vez que se rompen los ciclos sostenidos de IDH y Virtuoso, entre
los años 1963 y 1983.
En resumen, se hace necesario elaborar políticas públicas
donde el crecimiento económico y el desarrollo humano puedan
construirse y consolidarse en ciclos virtuosos que tengan la capacidad
de reproducirse de manera constante en el tiempo. Esta sincronía
y complementariedad en las políticas públicas es lo
que puede garantizar un desarrollo humano sostenible que genere
bienestar y vida plena a los ciudadanos.